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21. Entretanto, el rey Mutamin mandó a Rodrigo Díaz que, después de reunir a sus soldados, entrara con él en tierras de Aragón para saquearlas, lo cual se hizo así. Saquearon, pues, la tierra aragonesa, la despojaron de sus riquezas y de sus habitantes, y llevaron a muchos prisioneros. Después de cinco días regresaron victoriosos al castillo de Monzón. En aquel momento estaba Sancho, el rey de Aragón, en su territorio, pero de ningún modo se atrevió a oponerles resistencia. Después de hacer esto, Rodrigo Díaz invadió los dominios de al-Hayib, hermano de Mutamin y los saqueó, infiriéndole muchos daños y pérdidas, sobre todo en las montañas de Morella y los territorios colindantes. Pues no dejó en aquella tierra casa sin destruir ni heredad sin saquear. Luchó contra la fortaleza de Morella, subió hasta la puerta del castillo e hizo en él gran daño. Entretanto Mutamin le pidió por medio de mensajeros y cartas que reedificase el castillo llamado de Olocau cerca de Morella. Enseguida volvió a levantarlo y lo construyó, abasteciéndose de todo lo necesario, tanto de hombres como de armas.

22. Por su parte, el rey al-Hayib, al tener noticia de esto, se dirigió al rey de Aragón, Sancho, y le presentó las mayores quejas de Rodrigo. Los dos decidieron ayudarse y defender valerosamente sus reinos sus tierras de Rodrigo, y por último presentarle audaz batalla campal. Reunieron ambos sus ejércitos y plantaron sus tiendas junto al Ebro. Rodrigo estaba cerca de ellos. Enseguida el rey Sancho envió legados a Rodrigo para que se retirara sin demora de aquel lugar en que estaba y no permaneciera allí más tiempo. El no quiso de ninguna manera obedecer su orden, sus palabras y sus recomendaciones, sino que, haciendo caso omiso, dio a los enviados esta respuesta: «Si el rey mi señor quiere pasar en paz por donde estoy, yo le serviré gustoso, no sólo a él, sino a todos sus hombres. Además si quiere, le daré cien de mis soldados que le sirvan y le acompañen en su camino.. Los legados volvieron al rey y le refirieron las palabras de Rodrigo.

23. Cuando el rey Sancho escuchó que Rodrigo no había querido hacer caso de sus palabras ni se había marchado del lugar en que estaba, muy indignado montó en cólera y a toda prisa llegó con al-Hayib casi hasta el campamento de Rodrigo quien al ver esto, juró resistirse y no huir ante ellos y permaneció allí con firmeza. Al día siguiente, el rey Sancho y al-Hayib se armaron junto con sus hombres y alinearon sus tropas en orden de batalla frente a ellos. Al entablarse el combate, se luchó durante largo tiempo, pero, al fin, el rey Sancho y al-Hayib se dieron a la fuga y, vencidos y en desorden, huyeron del rostro de Rodrigo, que les persiguió durante un buen trecho cogiendo a muchos de ellos prisioneros. Entre los cautivos se hallaban: el obispo Raimundo Dalmacio, el conde Sancho Sánchez de Pamplona, el conde Nuño Suárez de León, Anaya Suárez de Galicia, Calvet de Sobrarbe, Iñigo Sánchez, señor de Monclús, Simón García de Boíl, Pepino Aznar y García Aznar su hermano, Laín Pérez de Pamplona, nieto del conde Sancho, Fortún Garcés de Aragón, Sancho Garcés de Alcócer, Blasco Garcés, mayordomo del rey y García Díez de Castilla. Además de éstos hizo prisioneros a más de dos mil que luego dejó ir libres a su tierra. A éstos los cogió luchando valerosamente y saqueó su campamento y se apoderó de todo su botín. Después de realizar esto, volvió a Zaragoza victorioso con gran cantidad de bienes, llevando consigo a aquellos nobles cautivos. Mutamin, sus hijos y una gran multitud de la ciudad de Zaragoza, hombres y mujeres, alegrándose y regocijándose en su victoria le salieron al encuentro hasta la villa que se llama Fuentes que está a unos ciento cincuenta estadios de la ciudad.

24. Rodrigo Díaz permaneció allí en Zaragoza hasta la muerte de Mutamin. Muerto éste, le sucedió en el reino su hijo Musta’in, con el que vivió Rodrigo con máximo honor y veneración en Zaragoza nueve meses.

25. Al cabo de éstos, volvió a Castilla, su patria, donde le recibió alegre el rey Alfonso con grandes honores. Luego le dio el castillo denominado de Dueñas con sus habitantes, el de Gormaz, lbeas, Campoo, Iguña, Briviesca y Langa, que está en las Extremaduras, con todos sus alfoces y sus habitantes.

26. Además le otorgó el perdón y la concesión escrita en su reino y confirmada con el sello real, estipulando que todas las tierras o castillos que pudiese ganar a los sarracenos, en tierra de éstos, le pertenecerían enteramente y luego a sus hijos, a sus hijas y a toda su descendencia, por derecho hereditario.

27. Las guerras que llevó a cabo Rodrigo junto con sus soldados y aliados, y sus noticias, no están todas escritas en este libro.

28. En la era 1127 en el tiempo en que los reyes suelen salir con su ejército para hacer la guerra y conquistar tierras rebeldes, partió el rey Alfonso de la ciudad de Toledo y marchó en expedición con su ejército. El Campeador permanecía entonces en Castilla, pagándoles la soldada a sus hombres.

29. Repartida la soldada y congregado su ejército en Castilla, alre. dedor de siete mil hombres de todas las armas, llegó hasta las Extremaduras, hasta el río denominado Duero y atravesándolo mandó plantar sus tiendas en el lugar que se llama Fresno. Marchó luego con sus mesnadas y llegó hasta el lugar llamado Calamocha. Allí acampó, celebró la Pascua de Pentecostés y allí le llegaron los emisarios del rey de Albarracín pidiendo que ambos se vieran. Una vez realizada la entrevista, el rey de Albarracín se hizo tributario del rey Alfonso y así permaneció en paz.

30. Rodrigo marchó de allí y llegó a las cercanías de Valencia. Colocó su campamento en el valle que se llama Torres que está junto a Murviedro. En aquel momento el conde de Barcelona, Berenguer, acampaba con todo su ejército junto a Valencia cercándola y fortificaban Yuballa y Liria como baluartes frente a ella. Tan pronto como oyó el conde Berenguer que se aproximaba Rodrigo el Campeador, se quedó muy temeroso, pues ambos eran adversarios. En cambio, los soldados del conde Berenguer, jactándose, proferían muchas injurias y burlas de Rodrigo y le amenazaban con capturarle y ponerle en prisión o matarlo, lo cual no pudieron llevar a efecto después. Este c o -mentario llegó a oídos de Rodrigo, quien por temor a su señor el rey Alfonso no quiso luchar con el conde porque era pariente del rey. El conde Berenguer, aterrado, dejó en paz Valencia y a toda prisa se dirigió a Requena, luego continuó hasta Zaragoza y por último volvió con los suyos a su tierra.

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