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11. Cuando el rey Alfonso y los magnates de su corte escucharon este hecho de Rodrigo, recibieron la noticia molestos y, acusándolo los cortesanos se lo echaron en cara por la envidia que le tenían, diciendo al rey de común acuerdo: «Rey y señor, no le quepa duda a vuestra majestad de que Rodrigo hizo esto para que los sarracenos nos matasen a todos nosotros que andábamos entonces por su tierra devastándola, y pereciéramos allí». El rey, airado y encolerizado injustamente por esta malintencionada y envidiosa acusación, le arrojó de su reino.

12. Aquél, después de salir de Castilla, se dirigió a Barcelona dejando a sus amigos sumidos en la tristeza. Luego marchó a Zaragoza donde reinaba Muqtadir muerto en Zaragoza. Su reino fue dividido entre sus dos hijos, Mutamin y al-Hayib. Mutamin reinó en Zaragoza, su hermano al-Hayib en Denia. Este Mutamin apreciaba mucho a Rodrigo, y le puso en lugar destacado colocándole al frente de su reino y de todo su territorio, y tomándole en todo de consejero. Surgió entonces entre Mutamin y su hermano al-Hayib un enfrentamiento duro y muy cruel hasta el punto de fijar un lugar y día para pelear entre ellos. Sancho, rey de Aragón y de Pamplona, y Berenguer, conde de Barcelona, iban en el séquito de al-Hayib prestándole ayuda. Con Mutamin estaba Rodrigo Díaz, que le servía fielmente, y cuidaba y protegía su reino y su tierra, por lo que el Rey Sancho y el conde Berenguer, sobre todo, le tenían envidia y maquinaban contra él.

13. En cuanto al rey Sancho escuchó que Rodrigo Díaz quería ir de Zaragoza a Monzón, juró que de ningún modo se atrevería a hacer esto. Al conocer Rodrigo el juramento del rey, herido en su amor propio, plantó sus tiendas con la totalidad de su ejército ante los ojos de sus enemigos, es decir, ante todo el ejército de al-Hayib. Y al día siguiente, en presencia del rey Sancho entró en Monzón, pero el rey no se atrevió a hacerle frente. Entretanto decidieron Mutamin y Rodrigo restaurar y fortificar el antiguo castillo denominado de Almenar, lo cual llevaron a cabo en seguida. Luego se desató otra vez la rivalidad entre Mutamin y su hermano al-Hayib hasta el punto de declararse la guerra.

14. Al-Hayib se reunió con el conde Berenguer, con el conde de Cerdaña, con el hermano del conde de Urgel y con señores de Besalú, del Ampurdän, del Rosellón y de Carcasona y decidió con ellos que todos marcharían en su compañía y sitiarían el mencionado castillo de Almenar, lo cual se llevó a cabo inmediatamente. Lo sitiaron y lucharon contra él durante muchos días hasta que les faltó el agua a los que estaban en la fortaleza.

15. Rodrigo se encontraba entonces en el castillo conocido por el nombre de Escarp que está situado entre dos ríos, el Segre y el Cinca y que había tomado antes valerosamente, después de hacer prisioneros a todos sus moradores. Estando, pues, allí, envió un legado a Mutamin para anunciarle la tribulación y el aprieto del castillo de Almenar y decirle que todos los que estaban en el referido castillo estaban cansados, muy… y en situación critica. De nuevo esto excitó el orgullo de Rodrigo quien envió otros legados con cartas a Mutamin para que socorriera a la fortaleza que había construido. Mutamin marchó enseguida al encuentro de Rodrigo y se reunió con él en el castillo de Tamarite donde celebraron su consejo. Mutamin recomendaba a Rodrigo que atacase a los enemigos que sitiaban la fortaleza de Almenar, pero él le respondió: «Es mejor que le pagues su tributo a al-Hayib para que deje che sitiar el castillo, antes que emprender la lucha con él, porque viene con una gran hueste». Mutamin se avino a esto gustosamente. Rodrigo envió en seguida un emisario a los mencionados condes y a al-Hayib para que, después dc aceptar el tributo, se alejaran del referido castillo. Pero ellos no quisieron hacer caso de sus palabras ni dejaron de asediar la fortaleza. Regresó el emisario a Rodrigo y le contó todas las cosas que había °ido de ellos.

16. el, montado en cólera, mandó tomar las armas a todos sus soldados y prepararse con valentía para la lucha. Así pues, marchó con su ejercito hasta aquel lugar en que se encontraron frente a frente los condes, al-layib y Rodrigo. Los combatientes de uno y otro bando dispusieron sus tropas en orden de batalla y lanzándose impetuosamente con enorme vocerío iniciaron el combate, pero, pronto al-layib y los condes huyeron retirándose vencidos y en desorden del rostro de Rodrigo. La mayor parte murió, y tan sólo unos pocos consiguieron huir. Todo su botín y pertenencias pasaron legalmente a poder de Rodrigo, quien, después de conseguir la victoria, se llevó cautivos al conde Berenguer y a sus soldados al castillo de Tamarite y allí los puso en manos de Mutamin. Pero a los cinco días los dejó volver libres a su tierra.

17. Rodrigo Díaz regresó con Mutamin a Zaragoza y allí fue recibido por los habitantes de aquella ciudad con gran honor y máxima veneración. Mutamin puso a Rodrigo al frente de su reino y de todo su territorio en los días de su reinado prefiriéndolo a su propio hijo, de tal manera que era como el señor de todo aquel reino, y lo enriqueció con innumerables regalos y con muchos presentes de oro y plata.

18. Pasados muchos días, sucedió que un plebeyo de nombre Abu-l-Falak, que entonces gobernaba la fortaleza de Rueda cercana a Zaragoza, se separó junto al mencionado castillo de la jurisdicción y dominio del rey Mutamin y se reveló en favor de Muzaffar, tío de Mutamin que había sido encerrado por su hermano Muqtadir en el mencionado castillo. Por esta causa, Muzaffar pidió insistentemente al emperador Alfonso que le auxiliara. Al conocer esto, el emperador Alfonso le envió al infante Ramiro, al conde Gonzalo y a otros muchos señores con un gran ejército para que fueran en su ayuda. En cuanto llegaron, convinieron con Muzaffar en enviar a rogar al emperador que viniera el mismo. Así sucedió. El al punto se presentó con su ejército y permaneció allí pocos días. Entretanto murió Muzaffar. Abu-l-Falak, el rebelde del castillo de Rueda, decidió con el infante Ramiro entregar la plaza al emperador Alfonso. este, del que venimos hablando, llegó ante el emperador y habló con él en son de paz, pero con engaño, suplicándole con muchos ruegos que fuera al mencionado castillo y entrara en él. Antes que el emperador, que estaba cerca, llegara, permitió Abu-l-Falak a los capitanes del emperador que entraran en la plaza. Pero tan pronto como entraron, se descubrió enseguida el engaño y traición de Abu–l-Falak: los caballeros e infantes que guardaban el castillo atacaron a los capitanes del emperador arrojándoles piedras y peñascos y mataron a muchos de aquellos nobles. El emperador regresó a su campamento muy apesadumbrado.

19. Cuando tuvo noticia de este suceso, Rodrigo que estaba en Tudela, se dirigió al emperador. este le recibió honoríficamente y enseguida le pidió que le siguiera a Castilla. Rodrigo le siguió, pero el emperador movido por una gran envidia y con perversas intenciones maquinó en su corazón desterrarlo. Rodrigo dándose cuenta de esto, no quiso ir a Castilla sino que, separándose del emperador, se volvió a Zaragoza donde el rey Mutamid se apresuró a recibirle.

20. Después de esto la divina clemencia concedió al emperador Alfonso una gran victoria: tomó valerosamente la ciudad de Toledo, ínclita ciudad de España, asediada durante mucho tiempo y tomada por asalto al fin después de siete años, y la sometió a su poder juntamente con las villas de alrededor y sus tierras.

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