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Clemente obispo, siervo de los siervos de Dios, al querido hijo en Cristo Eduardo, ilustre rey de Inglaterra, la bendición apostólica y saludos.

Por decisión de la preeminencia pastoral, con la que se tienen todas las cosas que, nos sea legítimo como representantes indignos, pedimos con especial ardor, perseguimos con oración ardiente, para que, sacudidos del sueño de la negligencia por nuestra parte con el fin de guiar a la grey del Señor, que, separandole de la culpa y cuidandole de las cosas por venir, con la ayuda de su gracia se nos permite contribuir a ganar almas para Dios.

Desde nuestra elevación en la parte superior de la dignidad apostólica, en una forma velada llegó a nuestros oídos desde hace algún tiempo, por el espíritu de Satanás, que había emitido principios funestos en el Orden de los Templarios, a partir de ese año odioso surgieron los frutos de su naturaleza pestilentes: es decir, que los Templarios, bajo la aparente excusa de militantes de la Religión, en sus corazones habían vivido en la perfidia de la apostasía, en la maldad detestable de la herejía.

Por otra parte ingenuamente no queríamos entonces dar crédito a los rumores antes mencionados ya que el fin de un largo tiempo, en años anteriores,el Orden brillaba a través de la gracia y el decoro de su nobleza y eran objeto de gran devoción de los fieles, incluso porque en ellos no habíamos recibido ninguna sospecha o la infamia, y por qué, ya que en su debut religioso llevaron pùblicamente el signo de la Cruz, oponiéndose con sus cuerpos y sus bienes a los enemigos de la Fe para la conquista, el mantenimiento y la defensa de la Tierra Santa, hecha sagrada por la preciosa sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

En efecto, despues a nuestro querido hijo en Cristo, Felipe, el ilustre rey de los franceses, llegó la noticia de que los frailes del Orden, cuando son admitidos en el mismo Orden, niegan expresamente al Señor Jesucristo. En su Cabildo, ni tampoco adoran su imagen y también cometen otras abominaciones que por el momento, por discreción, callamos.

Por esta razón, el mismo rey, querendo luchar contra la maldad de la herejía en su reino, con el consentimiento autorizado del Inquisidor, de los Prelados, de los Barones y otras personas sabias, preparadas para esto por la Sede Apostólica, en el mismo día, con una acción estudiada con gran cuidado, ordenó detener al Gran Maestre y otros individuos de ese Orden que entonces estaban en su reino, para someterlos al juicio de la Iglesia, conservando sus bienes muebles e inmuebles para la Tierra Santa si el Orden predicho fuese condenado; de lo contrario se mantendrán en custodia en el interés del Orden.

Después, el mencionado Maestro del citado Orden, en presencia de las más altas funciones eclesiásticas en París, de Doctores en Teología y otras personalidades, de forma espontánea y públicamente, confesó la seducción al pecado, introducida por instigación de Satanás, y la negación de Cristo – en violación de la regla original del citado Orden – por los frailes en el momento de su admisión.

Incluso muchos otros frailes del citado Orden, desde diferentes partes del reino de Francia, confesaron esas abominaciones, mostrando arrepentimiento sincero y no simulado por los pecados cometidos, estas cosas han sido transmitidos por ese rey y, más tarde, hemos sido informados por el público.

También nosotros hemos interrogado personalmente a un fraile, secuaz de ese Orden, un hombre de gran generosidad y autoridad, por la perversidad citada; y éste, en nuestra presencia, confesó espontáneamente y plenamente, tener cometido el delito de la negación de Jesucristo en el momento de su entrada en el citado Orden.

También dijo que vio que un noble, con la presencia de más de doscientos monjes del citado Orden, entre los que había un centenar de Caballeros, en las tierras de ultramar, y con precisión en el reino de Chipre, fue recibido por el Maestro del citado Orden en el Cabildo como un hermano del Temple, y en esa ocasión, en presencia del Maestro antes mencionado y de los otros Hermanos, este noble, por orden del Maestro mismo, en el momento de su recibimiento, cometió el mismo delito.

Por eso, si se comprueba que en el citado Orden, que creíamos ser virtuoso y resplandeciente con gran sublimidad, hay – Dios no lo quiera – cobardes afeminados, seremos muy agitados.

Pero si la verdad no estuviera confirmada, comprobada la verdad, dejarían todos nuestros problemas, y de acuerdo a la voluntad de Dios, la alegría se levantará otra vez. Por lo tanto, proponemos de descubrir, sin demora y, en cualquier modo, la verdad y, porque son acciones que están permitidas por Dios, y de supervisar con eficacia.

Por estas razones, las cuales fueron percibidas por nosotros como insinuación de mucha gente, se ha extendido rápidamente la noticia, o bien la infamia general, en los mencionados delitos contra los Templarios, y por lo tanto la conciencia nos anima en este asunto para que podemos cumplir con nuestro deber.

Por lo tanto imploramos, rogamos y exhortamos vuestra Majestad real para que, tan rápido después de recibir esta carta, oído de forma prudente, cautelosa y reservada, el consejo de vuestros sabios consejeros, podréis ordenar a cerrar en lugares seguros y en custodia de confianza, todos los Templarios que hay en Vuestro reino y los que encontraron refugio allì, y en el mismo día, con la ayuda de unas personas de confianza, podréis tomar posesión de la mejor manera posible, de sus bienes muebles e inmuebles de todas las personas, especialmente las personas en riesgo, al hacerlo en presencia de los testigos, para que vuestras buenas acciones se les dirán a los demás.

Además, podréis entregar los bienes muebles e inmuebles de los Templarios a alguien de vuestra confianza, que no es probable que esté interesado en ellos o no quieren tener, tan fielmente su conservación en nuestro nombre, todo el tiempo que se requiere.

Por supuesto, estas personas tendrán que tomar posesión de todas sus posesiones a la presencia de los Frailes de cada casa del citado Orden, y de varios otros bienes personales, y sobre todo de los cercanos a estas casas; y siendo el momento favorable, tendrán que elaborar inventarios especiales.

Para que la iniciativa sigue adelante sin peligro de vandalismo o la disipación de los bienes de que se trate, entre los custodios, para salvaguardar vuestro honor, no debe ser vuestro servidor o cualquier persona que de alguna manera encontró a estar a vuestro servicio. Y está previsto que las tierras y los viñedos de los mismos Templarios, por su propia cuenta, se cultiven como en el pasado, para los mismos productos de los mencionados Templarios, si eran inocentes, se mantienen por completo en favor de Tierra Santa.

Después de haber llevado a cabo esta tarea, así además del encomio de la alabanza humana, os vendrà un aumento de la gracia de Dios y, también de eso, ganaresteis la gratitud nuestra y de toda la Sede Apostólica.

En cualquier caso, independientemente de las órdenes que daréis en esa materia, y cómo van a ejecutar el trabajo, ocupad, en la mayor brevedad posible, de enviar una copia de vuestras reglas.

Dado en Poitiers, el día X antes de las Calendas de diciembre, tercer año de Nuestro Pontificado (22 de noviembre 1307)

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